En una conversación, se escucha principalmente para corregir, aprobar o contradecir. Parte de nuestra atención permanece ocupada defendiendo nuestro lugar. Uno de los ejercicios en el libro es observar este reflejo, dejando más espacio para las palabras del otro.

Aceptar un punto de vista no obliga a compartirlo o abandonar sus límites; el desafío es ver la tensión que a veces produce la necesidad de cortar cada intercambio. La diferencia puede existir sin convertirse, en todo momento, en una lucha.