El libro vincula los hábitos alimenticios con la forma en que uno vive en su cuerpo. Comer rápido, distraído o por automatismo puede convertirse en un campo de observación, así como caminar o escuchar. La idea propuesta aquí es encontrar un contacto más atento con este momento.
Esta mirada no es ni una dieta ni una regla de pureza. No hay menú universal en este ejercicio. Es notar el ritmo, el sabor y lo que uno siente, con una actitud suficientemente flexible para que la comida siga siendo un placer también.