La impaciencia puede situarnos en un momento futuro: cuando este proyecto esté terminado, cuando finalmente seamos diferentes. El presente se convierte en un pasaje a llevar. El libro nos invita a reconocer esta tensión y a encontrar el placer posible en la acción misma.

Parar por un momento no significa renunciar a la empresa, es comprobar dónde comienza nuestro movimiento de nuevo: del miedo a no ser suficiente, de una obligación imaginada, o de un interés real en lo que hacemos. Los proyectos mantienen su lugar; nosotros también.